lunes, 23 de marzo de 2015

Una entrevista como el que sí quiere la cosa (1)


Tengo un amigo (creo que es amigo) que me visita a diario para entrevistarme (a veces más bien interrogarme) sobre lo que le da la gana, de forma caótica, sin preparar nada. Muy informal todo y sin idea de publicarla, aunque yo ahora esté en ello. La cuestión es que este tipo, que me da la impresión de que me conoce bien (bueno, en ocasiones), consigue sacarme las respuestas que le interesan, lo que no implica necesariamente que sean las que yo quiera ofrecer. ¿Y por qué las doy, entonces? Yo qué sé. Porque lo necesito, quizás.

Voy a transcribiros en varios posts, que publicaré en diferentes días, el resumen de las largas entrevistas a las que me somete este amigo mío del que diré el nombre en algún momento, siempre que me lo permita. Le pediré permiso la próxima vez. Las fotos son suyas, por cierto.

ÉL: Siempre hablas de tu barrio, Guillén Moreno, de Cádiz. ¿Tan especial es?
YO: Hombre, no sé a qué te refieres con especial. En Cádiz está la Viña, el barrio de Santa María, el Pópulo, barrios realmente especiales e importantes, pero el mío es un barrio moderno, de hace 40 años, y estéticamente más bien feo.
ÉL: ¿Entonces?
YO: Es que cuando yo hablo de mi barrio me refiero a que es un barrio obrero, que en los años de mi infancia y juventud estaba azotado por la heroina y la delincuencia, y que yo he crecido ahí, rodeado de esto, lo que de alguna manera marca. Sin duda, para un niño estar jugando en la vía del tren, una vía del tren que estaba más baja que el nivel de la calle, encajada entre dos muros y rodeada de maleza, tanta que a veces parecía una jungla, y descubrir entre los arbustos a algún yonqui chutándose, o descubrirlo en el propio rellano (masetilla, que le llamamos allí), pues no deja de ser una imagen inolvidable por lo sórdida. Aunque fuera muy penoso lo que ocurría en mi barrio, para un chaval era también entretenido: asomarte a ver cómo robaban las furgonetas de reparto, contemplar las redadas o las persecuciones, algunas con tiros, las peleas, los dimes y diretes de unos y otros, los personajes singularísimos... Era un mundo sórdido, sí, pero en cierto modo también fascinante. Y yo no quiero, ni debo, renegar de mi infancia, del lugar en el que he crecido.
ÉL: ¿No te gustaría hacer una película de aquello?
YO: ¿En plan El pico?... Jajaja, no. Cuando vi Barrio sí me acordé del mío. La verdad es que sí me gustaría contar una historia enmarcada allí, y en aquellos años, pero lo veo difícil. Hay cosas que no me atrevo a contar ahora, pero que me las reservo para una supuesta biografía que espero escribir dentro de mucho tiempo. Creo que mi vida da para unas memorias, y espero que los próximos años aún las alimenten más, aunque con cosas buenas, por favor. En mi bio hay un poco de todo y cosas muy contrapuestas: de lo sórdido al glamur, de la tristeza a la felicidad, de la seriedad a la parranda total...

ÉL: ¿Hablamos de política?
YO: No, hombre, no.
ÉL: Pero si siempre hablas de política en las redes... Y hasta en los artículos que escribías en Diario de Cádiz.
YO: Sí, pero opino como ciudadano, con todo el derecho a ello pero tamién con cierta ignorancia, claro. Lo que pasa es que creo que hay que mojarse y me asustan mucho los que nunca dicen nada, los que siempre andan callados en estos temas y no se atreven a decir lo que piensan.
ÉL: ¿Y de qué parte estás?
YO: Si te refieres a quién voy a votar, pues aún no lo tengo claro del todo, pero sí sé a quién no voy a votar. Por supuesto, ni por asomo al PP y al PSOE, pero porque a mí me parece directamente de gilipollas votar a unos partidos que han demostrado con creces no solo que dan la espalda al ciudadano, sino que directamente le roban. A mí si me viene un señor a robar a casa, pues lo denuncio, que creo es lo que tendríamos que hacer al unísono todos los ciudadanos con estos partidos; pero no solo no ocurre esto, sino que seguimos votándolos. O sea, que a ese señor que roba en  tu casa le sigues abriendo las puertas. Aunque creo que el asunto es más grave, y en esto soy muy mal pensado: lo que ocurre es que hay mucha gente, mucha, que debe favores a uno de estos dos partidos, que no ve del todo mal la corrupción porque, en el fondo, también forma parte de ella.
Él: Pero los partidos...
YO: Ay, no, pero no continuemos hablando de política porque enfermo. No estoy para ello.

ÉL: Por cierto, ¿y qué hay de tu enfermedad?
YO: Si te refieres al cáncer, pues de momento bien. En revisiones periódicas.
ÉL: ¿Qué ha supuesto para ti la enfermedad?
YO: Te digo que no hablemos de política para no enfermar y pasas a hablarme de la enfermedad real, pero, bueno, creo que la primera es más dañina. He vivido el cáncer desde los dos puntos de vista y tengo que decirte que estaba tan pendiente de mi mujer que casi no me enteré de lo mío. Me preocupaba más ella. Esto es absolutamente cierto.
ÉL: ¿Cómo viviste lo suyo?
YO: Lo he explicado en otras ocasiones, pero no me importa volver a hablarlo. Pienso mucho en ello. Es extraño, pero los casi cerca de tres años en los que mi mujer tuvo cáncer nos sirvieron para unirnos más, con altibajos, por supuesto, como en toda relación, pero profundamente más cerca el uno del otro, más comprensivos, más tolerantes. Ella creció mucho como persona, y creo que yo también, pero la vida no le dejó que aplicara lo que había aprendido. A mí esto es algo que me hace reflexionar y que me me pone incluso de mala leche. Es tremendo, muy injusto.
ÉL: ¿Cómo era Montse?
YO: Muy especial, mucho. Tenía carácter, y yo también lo tengo, lo que inevitablemente nos llevaba a veces a reñir, pero sabíamos cómo eramos, porque nos conocíamos bien, entre otras cosas porque no tuvimos noviazgo convencional, de vivir cada uno por su lado y quedar un rato. Me fui a vivir con ella pocos días después de comenzar nuestra relación, así que fueron más de trece años de convivencia, lo que hace más real a la pareja. Montse estaba siempre queriendo buscar nuevas posibilidades a la vida, otros caminos que no fueran convencionales, sobre todo en lo relacionado con nuestros hijos, y queríamos hacer muchas cosas para ser coheretes con nuestra idea de vida: irnos al campo, en algún momento, buscando el reencuentro con la naturaleza y la tranquilidad que tanto nos gusta a los dos. Le encantaba leer, escribir, viajar, soñar... Y amaba profundamente a nuestros hijos, tanto que decidió dedicarles en exclusiva sus primeros años de vida, aparcando sus quehaceres profesionales y estudiando cómo poder hacerles más felices cada día. Les dio de mamar a cada uno tres años y los arropó con su amor y sus cuidados, aportándoles el aprecio por el arte, la cultura, la naturaleza... Nuestros hijos eran su pasión y les hizo ese enorme regalo. Gracias a su dedicación mis hijos, incluso el pequeño, tienen un recuerdo inmejorable de su madre.
ÉL: ¿Y cómo te relacionas ahora con esa ausencia?
YO: Es muy difícil. Va por momentos. Sí te puedo decir que me levanto por la mañana pensando en ella y me acuesto pensando en ella y que no hay momento del día en el que no la tenga en la cabeza, esté haciendo lo que esté haciendo. Hay algo real, muy duro, que es no poder coger el teléfono y llamarla cundo me ocurre algo, de la índole que sea. Un mensajito, algo. O llegar a casa y no verla. Un día y otro y otro... Y sé que será para siempre.
ÉL: Hay que seguir para adelante.
YO: Claro, y me esfuerzo en ello. Desde hace uno o dos meses intento ir a todos los eventos a los que me invitan, esforzándome precisamente en continuar adelante, pero incluso en esos lugares, siempre, aún cuando me lo estoy pasando bien, Montse está en mi cabeza. Y a veces fantaseo pensando que está a mi lado, charlando con alguien, o que la voy a ver entre la multitud, sonriéndome. Pero sí, sigo adelante.

ÉL: Es cierto que te veo en muchos saraos últimamente.
YO: Ya, pero lo hago por lo que te digo. También por no perder el contacto con la gente de la profesión, pero sobre todo por salir de mi rutina. Nunca fui de ir a cócteles o, mejor dicho, de quedarme muy tarde en las fiestas (ahora tampoco), pero me apetece romper la monotonía.
ÉL: ¿Hay mucha hipocresía en ellos?
YO: ¿En los saraos? Pues como en todos lados, ¿no? No sé, no entro en ese juego. Hace tiempo que decidí que todo me da igual cuando no es importante. Y los saraos no son importantes, hombre. Te tomas unas copas, bailas si quieres, sonríes, charlas. Ya está. No me importa un carajo, por ejemplo, que alguien que me conoce prefiera hablar con alguien más importante. Sus motivos tendrá. A mí me da realmente lo mismo.
Él: Ya, pero en esos sitios siempre hay mamoneos.
YO: ¿Mamoneos? Pues no lo sé. Yo voy a las fiestas, saludo a quien quiero, me tomo lo que quiero y luego me voy. No sé lo que hay ni me interesa. Estoy muy pasota con ciertos temas. No quiero perder el tiempo en ellos. De esta manera, el postureo de algunos me resulta hasta divertido, no más. También es verdad que muchas veces nos creemos más de lo que somos, queremos ser el centro de atención y, cuando no nos saludan o están con nosotros como creemos que debemos, pues nos parece que todo el mundo es gilipollas. Y a lo mejor los gilpollas somos nosotros.

ÉL: Cambiando de tema, ¿por qué no trabajas si no cobras?
YO: A mí es que esa pregunta me parece estúpida, perdona que te diga. Creo que trabajar implica cobrar. O debería ser así. Durante un tiempo, cuando empezaba, lógicamente escribía en sitios sin cobrar un duro y, a lo mejor, algunos de esos medios sí me podían pagar a poco que quisieran. Pero, bueno, yo tenía veinte años y lo que quería era aprender y hacer eso tan engañoso de "hacer currículo". Lo que pasa es que uno va cumpliendo años, se va de casa de sus padres, tiene hijos, responsabilidades y, como es natural, necesita dinero para vivir. Y comienzan las prioridades: a partir de ese momento el tiempo hay que administrarlo bien y yo decidí dedicárselo a lo que me reportara dinero para comer. Antes dije eso de que es engañoso lo de hacer currículo porque lo es. Cuando trabajas y trabajas sin cobrar, luego es muy difícil que alguien te pague, por mucho que tengas un largo currículo en sitios que precisamente no te pagan. Hay que hacerse valer, vaya, y si no, como de esto ya no se come, escribir por tu cuenta.
ÉL: Ya, pero hay medios que no pueden pagar.
YO: Sobre todo hay medios que no quieren pagar. Porque nunca tienen en cuenta en sus prespuestos que los colaboradores son trabajadores y que han de cobrar. Entonces, el dinero de los prespuestos lo dedican a otros menesteres, usualmente a aquellos que reportan algún tipo de beneficio a ellos mismos, claro. Y como siempre hay quien escribe gratis "para hacer currículo o estar ahí", aunque haya cumplido ya sus buenos años y lleve esos mismos currando por la cara... A mí es algo que me extraña mucho: el seguir currando por el morro para medios que no quieren pagarte en esta era de Internet, cuando cualquiera puede tener su propio espacio y escribir lo que quiera. Yo es que, no sé, prefiero escribir en mi blog, aunque lo lean cuatro gatos, que en un medio más amplio que no me pague. No voy a trabajar para una empresa porque sí.
ÉL: ¿Hay gente que lo hace?
YO: Hombre, sí. Mucha. Y la verdad es que no lo entiendo. Que cada uno haga lo que quiera con su vida, por supuesto, pero que nadie se queje de que la profesión está fatal. Si es que no hay profesión. Se la han cargado entre los que no pagan y, sobre todo, los que siempre trabajan gratis. En época de crisis, además, todo está justificado, pero me parece mal que lo justifique el que está esclavizado. Hoy en día no pagan los medios por culpa en buena parte de las decenas de personas que están dispuestas a escribir sin cobrar.
ÉL: ¿Por qué pasa esto?
YO: Hombre, pues porque no se tiene conciencia de que escribir es un oficio. A mí no se me ocurriría decirle a un fontanero que venga a ponerme los grifos gratis o al panadero que me regale un par de barritas. Sin embargo, no es que los medios te digan "escribe gratis", es que hay mucha gente que se ofrece directamente a escribir sin cobrar. La Red está llena de casos de grandes medios que se nutren de blogs donde no cobra nadie (o casi, que tampoco quiero ser tajante), pero también de periodistas o escritores que cubren actos, redactan, etc., gratis. Y, perdona, para mí cobrar 30 pavos, por ejemplo, por todo un trabajo me parece escribir de gratis, porque además de ahí tienes que descontar el IRPF. Es un insulto, vaya.
ÉL: ¿Nunca trabajas gratis, entonces?
YO: En contadísimas ocasiones y casi siempre por amistad. He colaborado en algún libro colectivo o participado en alguna mesa redonda porque me lo ha pedido algún buen amigo. O en fanzines o publicaciones no profesionales, también. Pero, por regla general, no acepto ninguna propuesta que no sea remunerada. Si lo he hecho alguna vez, muy muy pocas, he pedido algo a cambio (por ejemplo promoción de algún trabajo mío). Las editoriales, sin querer generalizar, tampoco pagan.
ÉL: Pero tus libros sobre Cádiz han ido muy bien.
YO: Excelentemente bien. Y muy contento con ediciones Mayi. Ya era hora de que estuviera contento con una editorial, porque anteriormente, por una cosa o por otra, mis experiencias no han sido del todo positivas: unas porque no pagado o han pagado muy mal, otras porque han publicado sin dejarme ver las pruebas, otras por lo que sea... Fíjate que yo ahora lo que defiendo es la autoedición, pero no con una editorial que te cobre, sino escribiendo y maquetándolo tú y llevándolo a una imprenta o copistería a sacar cien ejemplares. Porque ya es hasta mentira eso del prestigio. ¿Qué prestigio? En este ámbito el prestigio da poco de comer, pero sí alimenta a quienes se aprovechan de él.


CONTINUARÁ...

1 comentarios:

Carmen Migoya San Miguel dijo...

Así como quién si quiere la cosa es una entrevista muy interesante. Esperando por la segunda parte. Oleeeee tú!!

Besos,
Carmen

José Manuel Serrano Cueto

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