miércoles, 25 de marzo de 2015

Una entrevista como el que sí quiere la cosa (2)

Continúo redactando la entrevista que me ha realizado mi amigo. Me ha dado permiso para que la firme y publique su foto una vez se acaben las entregas. Porque sí, esto va por entregas, como los folletines o como la vida misma, que también transcurre por capítulos. En esta ocasión son cuatro fragmentos que versan sobre otros tantos temas: lo paranormal, la crítica, la amistad y los viajes.

Primera parte aquí.

ÉL: Hicimos mención anteriormente a tus libros sobre Cádiz, que tratan de temas paranormales, ¿no?
YO: Sí.
ÉL: ¿Cómo es que te metes a publicar sobre estos asuntos cuando todo lo que has escrito es de cine?
YO: Bueno, sí y no. Mis libros anteriores a Cádiz oculto son de cine, pero en revistas he publicado también de otros temas, entre ellos de misterios y leyendas. Siempre me fascinaron estos asuntos, aunque cada vez soy más escéptico, pero en realidad me atraen sin valorar si pueden ser o no ciertos, sino como meros relatos. Igual que me gusta la literatura y el cine de terror y fantástico. Durante una época escribí mucho para revistas como Más allá, Enigmas y AÑO/CERO, a veces de cine relacionado con lo paranormal, pero en otras ocasiones reportajes sobre temas que me interesaban, en especial los ubicados en Cádiz y especialmente referentes a los fantasmas. Por esta pasión mía por el misterio gaditano propuse a Ediciones Mayi la publicación de una recopilación de estos trabajos con la suma de otros inéditos. Así surgió el primer Cádiz oculto y luego, dado el éxito de este, publicamos Cádiz oculto 2 con ampliaciones de temas tratados muy brevemente en el primero y otros nuevos.
ÉL: ¿Cómo es posible que escribas sobre ello y no creas?
YO: ¿Y eso? ¿Se tiene que creer en lo paranormal para escribir sobre ello? Hombre, si eres un parasicólogo que escribe, pues me imagino que te importará más demostrar tu fe, pero a mí, un escritor y cineasta, lo único que me interesa es transmitir estas historias sin entrar a valorar su autenticidad. Que juzgue el lector, que a veces es muy listo.

 ÉL: ¿Cómo te ha tratado la crítica con estos libros?
YO: Ah, pues no lo sé. No me he preocupado en informarme. He leído alguna reseña, con algo de opinión (positiva), pero no me he interesado en indagar más. Hace tiempo que no hago ni búsquedas en Internet, cosa que hace unos años sí hacía. Me picaba la curiosidad por saber qué se decía de mis trabajos, pero ahora no. Prefiero pedirle opinión directamente a la gente que creo me puede hablar con objetividad y en ocasiones lo hago incluso con anterioridad a publicar o a rodar. Envío mis cosas a quien creo de confianza y espero un "feedback". Anoto lo que me dice y vuelvo a trabajar, pero muchas veces no llego a nada y abandono. Es muy positivo conocer la opinión de otros, sin obsesionarse con ello, teniendo tus ideas claras, pero es cierto que en ocasiones los demás pueden abrirte los ojos a algo que tú no ves.

Volviendo a las críticas: mira, hace mucho había un tipo que me ponía a parir por Internet cualquier cosa que hiciera. Era lo que se conoce como un troll, que sin ni siquiera leer mis libros o artículos ya se dedicaba a criticar duramente, rallando el insulto (o directamente insultando). Pues creo que aquello me sirvió para darme cuenta de que Internet también es un lodazal, muy difícil de controlar, y que hay gente muy aburrida y muy mala, por qué no, dispuesta a intentar joder. Pero también me sirvió para comprender, así, con una terapia de choque, que no a todo el mundo tiene que gustarle tus cosas y que, cuando uno hace algo público, debe estar dispuesto a recibir de los demás lo bueno y lo malo. Con toda sinceridad, las críticas negativas, cuando no se justifican, no me importan; las que tienen una reflexión detrás importante sí me interesan, sobre todo porque hallo muchas veces en ellas cierta razón. Es que, ¿sabes qué pasa? Yo soy el primer gran crítico de mi trabajo. En el proceso de creación a veces lo paso mal y, cuando se publican mis textos o se proyectan mis películas, siempre encuentro, sobre todo en lo escrito, infinidad de cosas que mejorar, que pulir, que podría haber hecho mejor. Y esto me hace sufrir.
ÉL: ¿Sufrir? ¿Es para tanto?
YO: Sí, porque intento tomarme muy en serio lo que hago, así que cualquier fisura para mí es como una herida en mis propias carnes. Por eso no releo mis libros, porque no quiero encontrar errores o erratas que me hieran. Porque, además, por mucho que uno intente releer, corregir, e incluso te ayude alguien a corregir una vez que el texto está tan ligado a ti que te es imposible detectar nada, siempre, como si fuera la ley de Murphy, encuentras cosas que están mal una vez se ha publicado el libro. Nada más tenerlo en tus manos, ya publicado, lo abres y ves una errata, algo que ha pasado inadvertido a todos los ojos en los procesos previos, y esto a mí me jode mogollón, pero mucho... Por eso para mí tiene algo de sufrimiento lo que hago.
ÉL: Habrá más satisfacciones, ¿no?
YO: Seguro, pero muchas veces pienso que no, que no me merece la pena, que debo abandonar... Sin embargo, esto me pasa más en mi faceta como escritor que en la de cineasta. Aunque mis películas podrían ser mucho mejores, como es lógico, me gustan, en especial el documental y mi último corto, Pelucas. Me siento bien viéndolos y creo que es porque, en definitiva, el cine es un trabajo de equipo y, si te rodeas de buenos profesionales, el producto va a tener una cierta calidad, aunque sea estética. Contra el tiempo fue toda una batalla. Un documental que queríamos hacer grande, con muchos escenarios, ficcionado en algunas partes, imitando la estética del cine de género español de los 60, pero al final esto desapareció casi por completo y se quedó en una película más convencional. Aunque a mí de esta película lo que más me gusta es la escena de Carlos Bravo y Mabel Escaño en la noche malagueña, en Gibralfaro, y ese es el tono que me hubiera gustado imprimir a todo, no me deja de resultar interesante oír a estos señores hablar de su vida y sus películas, porque en el fondo siempre fui un buen oyente de historias de abuelos. Desde muy pequeño me gustó más sentarme a oír hablar a los mayores que jugar al fútbol con mis amigos. Fui un niño observador y oyente y por eso no me fastidia un documental de entrevistas, aunque creo que Contra el tiempo tiene un algo más, quizás en el tono y el ambiente.
ÉL: ¿Y Pelucas?
YO: Me llena de satisfacción este corto, sobre todo por la labor que parece estar haciendo. No cesan sus proyecciones junto a charlas sobre cáncer y es para esto para lo que lo hicimos. Nosotros no rodamos Pelucas con la mirada puesta en gustar a los profesionales y la crítica, sino con la idea de que gustara a los enfermos de cáncer, a sus familiares y a los profesionales, ahora sí, de la oncología.
Y esto parece que lo hemos conseguido. Ha gustado a mucha gente del cine, e incluso a distintos críticos, pero no es esto lo que realmente me importa. Creo que el cine debe tener una utilidad y en este caso era la de ayudar a los enfermos de alguna manera, aunque fuera por unos minutos.
Hay varias cosas que me gustaría destacar al respecto de Pelucas y es cómo mucha gente que me conoce, y a la que le he enviado el corto hace meses, no me ha respondido nada, seguramente porque crea que me va a doler una opinión negativa. Me hace gracia que alguien pueda pensar que me puede hacer daño una crítica negativa... A estas alturas de mi vida, con todo lo que he pasado, esto para mí es lo de menos. Mi objetivo con Pelucas, como decía antes, se ha alcanzado. Lo demás son añadidos. Por otro lado, también me resulta curioso que haya quien me achaque que el corto es muy sencillo, como si la sencillez no fuese un valor y hubiese que contar todas las historias de una manera pirotécnica. Yo no sé contar Pelucas de otra manera que no sea desde la intimidad y para eso la cámara no puede hacer piruetas, pero ni siquiera la narrativa debe buscar tirabuzones. Si Pelucas es sencillo es algo absolutamente premeditado, pero que parezca sencillo no quiere decir que haya sido sencillo rodarlo. A mí me gustaría saber cuántos cineastas podrían ponerse a rodar un corto sobre el cáncer con su mujer muy grave y él mismo recibiendo quimioterapia. No fue fácil, no. Ahí reside su dificultad y esa tensión contenida creo que llega a impregnar la pantalla.
ÉL: ¿Quiénes son los críticos que no te han contestado, si es que los hay en ese grupo que comentas?
YO: No pienso decir nombres, pero no por nada, sino porque creo que también es un derecho no contestar, aunque yo personalmente sea algo que no practique. A mí de la crítica de cine, y hablo de esta porque es la que más conozco, lo que me llama mucho la atención es la de estirados que hay; la cantidad de gente que piensa que por estar escribiendo crítica en uno u otro medio de prestigio ya está por encima del bien y del mal, y que ya está prejuzgando lo que haces incluso desde el mismo momento en el que anuncias un proyecto. Hay mucho crítico con el entrecejo fruncido todo el rato y estoy convencido de que algunos a mí me miran por encima del hombro, como diciendo: "y este friki que hablaba sobre zombis qué hace ahora dirigiendo. ¡Que hasta lo han nominado al Goya!".
ÉL: Es verdad, lo del Goya...
YO: Sí, muy bonito. Un sueño cumplido, pero nada más, porque además fue un sueño agridulce debido a mis problemas personales. Que nadie se crea que, porque hayan nominado al Goya una película mía, voy pensando que soy mejor que los demás, como les pasa a algunos, y que me merezco todas las atenciones del mundo, o que ya lo sé todo del cine. Yo no sé nada. Hago lo que puedo y me dejan hacer, pero estoy en un constante aprendizaje. Sigo leyendo libros sobre cine, acudiendo a cursos cuando puedo, preguntando una y otra vez a los colegas, oyéndolos. Mira, lo de los Goya, lo de las alabanzas, los festivales, etc., forma parte del show, pero yo sigo siendo un chaval del barrio obrero de Guillén Moreno y me siento mejor tomándome una caña en el bar de abajo de mi casa que en el cóctel de los Goya, aunque también me guste ir, que no digo que no... Pero, como te decía antes, cuando nominaron Contra el tiempo hubo mucha gente que se quedó con el gesto encogido, que me daba un "enhorabuena" muy acartonado, como si yo fuese gilipollas y no me diese cuenta... ¡Que me he criado en un barrio bajo y eso te resabia, muchachos! Pero me da igual, de verdad. Creo que no soy nada rencoroso y eso lo saben bien quienes me conocen bien. Paso de conflictos absurdos. Intento no molestarme por casi nada de lo que realmente no tiene importanci y para mí esto no es importante. En las fiestas siempre hay alguien que te dice cosas como "esto es una hipocresía, mira aquel que habla con ese famoso y no nos saluda, mira lo otro...". Uf, paso de estas chorradas. Quien me quiera saludar que lo haga, el que no que no lo haga. No soy el centro del universo, como tampoco lo es quien está constantemente fijándose en lo mal que actúan los demás. Yo ahora voy a los cócteles sin pretensiones: me bebo una copa o dos, me como alguna cosa, saludo a quien quiero y quiere saludarme, me echo unas risas, charlo de lo que sea y norlamente me voy para casa temprano. Y me lo paso bien porque no voy con intenciones de que me salude Fulanito de Tal o de que me dé su contacto Menganito de Cual.

YO: ¿Sigues manteniendo contacto con tus amigos de siempre?
ÉL: Lo intento. Cuando voy a Cádiz, aunque lo hago menos de lo que me gustaría y casi siempre con mucha prisa y demasiados compromisos, intento ver a alguno de ellos, como a Cuco, mi gran amigo del instituto, o Manolo, que es de toda la vida, de pequeñito, de mi barrio... De todos modos mi concepto de la amistad es un poco raro, ya que respeto mucho, muchísimo, las decisiones de mis amigos y no entiendo eso de que deba haber una especie de compromiso forzado a quedar cada cierto tiempo, por cojones, sea como sea. No sé si me explico, pero me gusta mucho la relación que tengo, por ejemplo, con mi amigo Cuco de Cádiz. Siempre sabemos el uno del otro, nos hablamos por whassap o face, y quedamos cuando podemos en Cádiz, pero si no podemos quedar, por el motivo que sea, ni él ni yo nos molestamos. Nos respetamos mucho y creo que eso es fundamental en la amistad. Porque a veces se crean unas dependencias enfermizas y esto a mí no me gusta. Soy un lobo más bien solitario, aunque precise de vez en cuando de las multitudes, pero lo que no hago es cabrearme o molestarme cuando un amigo no queda conmigo porque no puede o porque simplemente no quiere en ese momento. En este sentido debo de ser un poco estoico.

ÉL: ¿No viajas mucho a Cádiz, entonces?
YO: Me gustaría ir más, la verdad; en realidad lo que me gustaría es tener mi pisito allí y la libertad de ir cuando quisiera, pero, como tampoco puedo estar para arriba y abajo todo el tiempo, debo cambiar a veces mis viajes a Cádiz por otros destinos. Además es bueno, vaya, ir a otros lugares, ¿no? Parece de Perogrullo, pero hay quien no se aplica al cien por cien el asunto. Me refiero a viajar de verdad, no solo con el cuerpo, sino también con la mente, porque se puede ir a París, Roma, Berlín o Helsinki teniendo la cabeza en tu ciudad de origen. ¿No has oído muchas veces a un español decir eso de "sí, esto es mu bonito, pero como mi tierra no hay ná"? Algo que se dice en guasa algunas veces, pero que otras muchas se dice con el corazón. Es más, hay quien viaja para ir a los centros comerciales o a los lugares más turísticos, lo que no digo que esté mal, pero no hay que privarse de ver otros espacios, rincones quizás más auténticos. Tengo una cierta tendencia, por ejemplo, a visitar los cementerios y los mercados, porque creo que ambos dicen mucho de sus ciudadanos, ya que me parece tan importante la manera de enterrar a los difuntos como la de cuidar los alimentos que consumes. También los despoblados me interesan y a veces te encuentras con joyas arquitectónicas en la ruina.
ÉL: ¿Qué cementerio te ha llamado más la atención?
YO: Te podría decir que el Père-Lechaise, de París, pero te quiero mencionar uno muy curioso, adjunto a una iglesia desacralizada en el poblado oscense de uso turístico Morillo de Tou. No sé si ahora, pero cuando fui hace unos diez años aún conservaba algunas tumbas. Me pareció muy respetuoso que aún estuvieran allí, separadas por un muro de una piscina muy cercana. Era un contraste fascinante: la vida en todo su esplendor y la muerte.

CONTINUARÁ

José Manuel Serrano Cueto

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